Rhodeus, un Momento Mágico de Desove Por Elena C. "Gaua" (Vizcaya, España) Publicado: 06-12-2007 Imprimir
La reproducción de nuestros peces es el culmen de nuestras experiencias como acuaristas. Todos apreciamos y recordamos, cuando hemos tenido la suerte de ser testigos en nuestros acuarios, ése momento especial y casi mágico del cortejo y desove de nuestros peces. Allí estamos nosotros embelesados como mudos testigos de la fuerza con la que la naturaleza se abre paso, incluso en las duras condiciones de nuestros acuarios. Y si a este asombro le añadimos la belleza de las imágenes y el rigor científico del documento, obtenemos el presente artículo que nos muestra uno de los comportamientos reproductivos más original que se pueda ver en la naturaleza, y un privilegio cuando se puede contemplar en el acuario.
Siempre es algo hermoso poder observar la reproducción de los peces en nuestro acuario. Significa que hemos logrado que se sientan a gusto, que lo acepten como su nuevo hogar.Y sobre todo, siempre resulta una gran satisfacción conseguir reproducir, lo más fielmente posible, las especiales condiciones necesarias para el desove de ciertas especies. "Una de las más curiosas que podemos tener la suerte de observar en la naturaleza es el desove de los ródeos en las almejas vivas de agua fría".
Me gustaría compartir con vosotros mi experiencia en el mantenimiento de estos hermosos y raros ciprínidos y las curiosidades de su increíble comportamiento reproductivo.
Los rhodeus o ródeos (también llamados vaqueros o amarguillos, bitterling o bittervorn) son unos pequeños ciprínidos de agua fría, cuyo tamaño máximo generalmente oscila entre 5 y 9 cm. El género Rhodeus comprende unas diecisiete especies en Europa, Asia menor y Asia oriental, aunque también ha sido introducido en Norteamérica.
Es el ciprínido que presenta un comportamiento reproductivo más curioso. Pero aparte de esto, a muchos les sorprenderá saber que estos pequeños peces fueron utilizados como ¡test de embarazo!, pues curiosamente, al inyectarle a una hembra extracto de orina de una mujer embarazada, desarrollaba su largo ovopositor.
Existen varias especies y subespecies, algunas de ellas con una coloración muy hermosa. El Rhodeus sericeus amarus es la subespecie que habita Europa y este de Asia, no es de las más llamativas, pero es la más frecuente de encontrar, y éste será nuestro protagonista en este artículo.
Su hábitat natural son zonas de gran vegetación subacuática, en pequeños lagos, charcas y ríos de poca corriente, hábitat que comparten con los moluscos bivalvos en los cuales realizan el desove.
Son pequeños peces cuya forma recuerda a los barbos tropicales, con una línea lateral incompleta (5-6 poros). Los machos son mayores que las hembras, algo poco usual entre los ciprínidos, y de coloración mucho más llamativa, con reflejos violeta iridiscentes. La boca es pequeña, oblicua y subterminal, con dos filas de dientes faríngeos.
Dos rhodeus macho de año y medio de edad.
En cuanto a la alimentación, tendríamos que decir que el alimento vegetal forma una parte muy importante de su dieta. En su hábitat natural se alimentan de algas verdes, diatomeas, pequeños gusanos, huevos, crustáceos e insectos.
Por lo tanto, en el acuario trataremos de proporcionarles una dieta equilibrada: el alimento en hojuelas para peces de agua fría es ideal, por su alto porcentaje de ingredientes vegetales. También comerán las algas verdes filamentosas que crezcan en el acuario, por lo que son de gran ayuda. Complementaremos su dieta con guisantes cocidos troceados, larvas de mosquito u otro alimento vivo, que aceptarán con mucho gusto, y papilla con base vegetal, en tamaño adecuado a su pequeña boca.
Dos rhodeus mordisqueando guisantes troceados.
Estos peces son difíciles de encontrar a la venta, desafortunadamente, pero si alguna vez los vemos, podemos plantearnos mantener un pequeño grupo de machos y hembras (e incluso intentar reproducirlos, ¿por qué no?). Parece ser que en la naturaleza, los machos superan a las hembras casi en proporción 2 a 1, así que puede ser una buena idea conseguir un grupo formado como mínimo por 3 machos y 2 hembras.
Si queremos mantenerlos a ellos solos, un acuario de agua fría de unos 60-80l será ideal, con algún compañero de fondo como Corydoras paleatus o Misgurnus anguillicaudatus, pues los rhodeus se alimentan preferentemente en la parte superior y media del acuario. Debido a que estos peces son de comportamiento muy pacífico con otras especies, también pueden formar parte de un acuario comunitario de agua fría, como en mi caso.
La temperatura recomendada para mantenerlos oscila entre 16-24ºC, aunque soportan temperaturas variables de 12º a 28ºC, mientras haya buena oxigenación. El acuario debe contar con una abundante vegetación acuática, por ejemplo, Ceratophylum, Elodeas, Vallisnerias, Echinodorus, gravilla de río de grosor medio, alguna piedra grande redondeada como decoración e incluso algún tronco en forma de cueva, para que puedan refugiarse en caso de amenaza, como el joven macho de la fotografía.
Rhodeus macho refugiándose bajo un tronco.
Si queremos un acuario simplemente para su mantenimiento, ya estaría terminado, pues son unos peces relativamente fáciles de mantener. Ahora bien, si nuestro interés es reproducir a estos interesantes pececillos, es imprescindible otra cosa: uno o varios mejillones o almejas vivas de agua dulce, pues el desove sólo tiene lugar únicamente en estos bivalvos, a través de su sifón.
Los rhodeus prefieren los moluscos de los géneros Anodonta y Unio, y según varios estudios, las hembras sienten especial predilección por la almeja de agua fría Unio pictorum, que casualmente fueron las que yo pude conseguir en la tienda. Esta preciosa almeja (utilizada antiguamente por los pintores como paleta, de ahí su nombre) puede alcanzar hasta 14 cm. de longitud durante su larga vida (hasta más de 10 años) y vive semi-enterrada en el fango. Se alimenta de microanimalillos, partículas y plancton filtrando el agua a través de su sifón. En el acuario aprovechará los minúsculos restos de alimento y pequeños infusorios.
En su hábitat natural, las almejas mantienen una especial relación con los rhodeus. Los alevines, tras pasar varias semanas dentro del molusco, en el momento que lo abandonan, la almeja aprovecha para soltar sus propias larvas (gloquídeos), que se pegan al cuerpo de los alevines, siendo de esta forma transportadas por ellos hasta que se sueltan y caen al fondo, donde se desarrollarán nuevas almejas.
Unio pictorum con diversas coloraciones.
Forma indicada de enterrarlos.
Ya tenemos el acuario preparado para recibirlos. Nos vamos a la tienda de peces, observamos el bonito grupo de rhodeus, observamos que son todos de la misma especie, pero... ¿cuál es macho, cuál es hembra?... efectivamente, ahora viene el problema de diferenciar los sexos.
Pues bien, lo tenemos bastante fácil, pues a diferencia de la mayoría de los ciprínidos, los rhodeus machos son generalmente más grandes que las hembras, y presentan una coloración mucho más llamativa, con reflejos verde-azulados y violetas iridiscentes, que se acentúan según incida la luz sobre su cuerpo. La espalda es más elevada que la de la hembra, y la cabeza y el lomo suele ser verde oscuro, con una característica mancha en forma de herradura cerca del opérculo. El ojo, el borde de la aleta dorsal y una mancha en el pedúnculo de la aleta caudal son de un tono rojizo. La llamativa línea azul turquesa que se extiende desde la mitad del costado es generalmente más larga, más ancha y más brillante en los machos. Durante la época de reproducción los colores se intensifican, sobre todo el rojo, y los machos desarrollan dos pequeños grupos de tubérculos en la zona nasal, como dos pequeñas manchas de color blanco.
Las hembras presentan una coloración marrón-grisácea, también con reflejos iridiscentes, aunque menos llamativa en comparación con los hermosos machos. Durante la época de reproducción, las hembras desarrollan un largo ovopositor, como observamos en el dibujo de abajo, que sorprendentemente puede llegar a ser más largo que su propio cuerpo.
Dibujo de R. sericeus hembra.
Dibujo de R. sericeus macho en los que se ha resaltado la coloración de la época reproductiva. Podemos apreciar el gran desarrollo del ovopositor de la hembra.
R. sericeus hembra.
R. sericeus macho con coloración normal (fuera de la temporada de reproducción). Los ejemplares fueron devueltos al agua después de ser tratados con un antiséptico tópico en una herida.
Y una vez que conocemos a nuestros pequeños amigos, ahora viene la curiosa historia de su reproducción.
Pues bien, yo mantenía a mi grupo de cuatro Rhodeus sericeus amarus (tres machos y una hembra) en un acuario de 40 l. desde hacía algo más de un año, cuando en enero los trasladé al acuario comunitario de agua fría de 170 l., con una temperatura de unos 16-18ºC. A finales de febrero comencé a observar que la hembra estaba empezando a desarrollar el largo ovopositor, y que se estaba avivando la coloración de los machos.
Fue entonces cuando tras leer bastante información sobre estos peces, me planteé encargar en una tienda algunos mejillones o almejas de agua fría. Los recibieron a mediados de marzo, y para mi alegría, se trataba de Unio pictorum, la especie preferida por las hembras de rhodeus.
Ese día por la mañana introduje las tres almejas que había escogido, dos las enterré hasta la mitad en la gravilla, y la otra la metí en el agujero de un tronco, para que estuviera más visible. Las almejas permanecieron cerradas, pero sin duda su sola presencia despertó un gran interés en los rhodeus, inmediatamente se acercaron y comenzaron a estudiarlas. Por la tarde pude comprobar cómo el ovopositor de la hembra medía ya ¡unos 2,5 cm! Esto sorprendente teniendo en cuenta que la pequeña hembra apenas mide unos 4 cm.
A la mañana siguiente, enciendo las luces del acuario... y para mi sorpresa veo a la hembra y a uno de los machos estudiando la almeja colocada en el tronco de cerca... apenas me dio tiempo a coger la cámara digital y, sin tiempo para cambiar ningún parámetro, hacer esta sorprendente secuencia de fotografías.
Uno de los machos, tras expulsar a los dos rivales, se "exhibe" delante de la hembra: se pone de costado delante de ella, para que pueda apreciar su hermosa coloración y comienza su danza ... En perpendicular de frente a ella, comienza a vibrar, de manera que la luz que incide sobre su cuerpo crea un espectáculo precioso de reflejos iridiscentes. Después le enseña la almeja que ha escogido y defiende para ella, con un suave movimiento de su cabeza señalando hacia el molusco.
Al parecer, no sirve cualquier almeja o mejillón, y es la hembra la que tiene la última decisión. Ella adopta una posición de 45º y estudia atentamente el agua que expulsa el molusco a través de su sifón, pues según parece, por el flujo del agua es capaz de distinguir si el molusco está sano y la cantidad de huevos que otras hembras hayan podido depositar previamente.
Antes de desovar, el macho y la hembra han ido acostumbrando al molusco a su presencia, mediante suaves roces, para evitar que se cierre cuando la hembra introduzca su ovopositor.
La hembra (de coloración marrón-grisáceo) valora el estado de la almeja, percibiendo el agua que expulsa a través del sifón.
La hembra ha aceptado la almeja, y se dispone a desovar. Para ello comienza a girar para colocarse en posición, en una complicada maniobra. En esta imagen se puede apreciar bien la increíble longitud del ovopositor.
La hembra comienza a girar para introducir su ovopositor.
En un movimiento muy rápido, apenas un segundo, la hembra introduce el ovopositor a través del sifón de la almeja, y deposita un par de huevos en su interior, en la cámara de las branquias del molusco.
La hembra introduce su ovopositor a través del sifón y deposita un par de huevos.
La hembra se aparta, y uno (o varios) machos se acercan y liberan una gotita de esperma justo cuando el molusco absorbe agua a través de su sifón. La corriente de agua lleva el esperma al interior, donde se fecundarán los huevos.
Un macho se acerca para soltar una gotita de esperma sobre el sifón de la almeja.
El proceso del desove puede ser repetido varias veces, durante el mismo día, y la hembra adulta puede llegar a depositar sólo de 40 a 100 huevos.
Por desgracia, parece ser que la gran mayoría de la puesta la realizaron antes de que se encendieran las luces, y sólo pude presenciarlo en una ocasión.
Tras el desove, la hembra empezó a huir de los machos, que seguían defendiendo la almeja, y se refugió en lo más frondoso de la vegetación.
El desove no daña a la almeja, y sin embargo supone una gran ventaja para estos peces en su medio natural. Los alevines nacen protegidos dentro de la dura concha del molusco, y además, si baja el nivel del agua, la almeja se moverá a aguas más profundas, salvando también a los alevines.
Pero en esta curiosa relación, también se beneficia el molusco. El desarrollo embriológico de los huevos dura de 2 a 6 semanas, dependiendo de la temperatura, y cuando los alevines han absorbido el saco vitelino, abandonan la almeja a través de su sifón. Pero el molusco aprovecha también para soltar sus propias larvas (gloquídeos), que se pegan al cuerpo de los alevines, siendo de esta forma transportadas por ellos hasta que se sueltan y caen al fondo, donde se desarrollarán nuevas almejas.
Los alevines en su hábitat natural, una vez abandonan el molusco, comienzan a alimentarse de fitoplancton y minúsculos animalillos. En el acuario podemos alimentarlos con infusorios, guisantes pulverizados, nauplios de artemia o alimento en polvo para alevines.
Hembra depositando los huevos mediante su largo ovopositor.
Una vez hubo finalizado el desove, aparté a la almeja a un acuario de 20 l. para observar el desarrollo, proporcionándole alimento líquido para invertebrados. Por desgracia, por razones externas, tuve que desmontar el acuarito demasiado pronto, a las 2 semanas, y devolver a la almeja al acuario comunitario.
Con el aumento de la temperatura del acuario a 22ºC, y habiendo finalizado su desove, el ovopositor de la hembra se redujo hasta hacerse prácticamente invisible, y los machos palidecieron su coloración.
Fuera ya de las tensiones de la época reproductiva, el grupo ha dejado las rivalidades entre ellos, y está más unido que nunca, los machos y la hembra se aceptan nuevamente y buscan por todo el acuario la compañía de alguno de los de su especie.
Hembra (situada arriba) y dos de los machos, en uno de sus lugares favoritos en el acuario.
Ya casi las esperanzas de que el desove hubiera dado sus frutos estaban perdidas, cuando tres semanas después vi un pequeño alevín nadando libre, cobijado entre las densas ramas del ceratophylum.
Cuando volví con una red para sacarlo, ya había desaparecido... lamentablemente no lo he vuelto a ver. Me queda la duda de si era verdaderamente un pequeño rhodeus, o quizás se trataba de un alevín de neón chino... quién sabe, todavía me lo seguiré preguntando, igual durante mucho tiempo, mientras ese pequeño pececito, que quizás aún siga en el acuario, comienza su pequeña pero difícil carrera por la vida...
Por desgracia, el futuro a largo plazo de estos ciprínidos en su hábitat natural no es demasiado prometedor. El hecho de que dependan necesariamente de aguas limpias donde habiten los moluscos que necesitan para desovar y dependan exclusivamente de ellos para reproducirse, está produciendo la desaparición de estos peces de algunos de sus hábitats naturales, debido a la contaminación de ríos y estanques.
De la protección de sus hábitats depende que podamos seguir disfrutando de la preciosa fauna y flora de estas regiones, y por qué no, de estos curiosos ciprínidos desovando en sus preciados mejillones.
Bibliografía:
- The reproductive ecology of the European bitterling (Rhodeus sericeus). Journal of Zoology 262
- Host species preferences by bitterling. Rhodeus sericeus, spawning in freshwater mussels and consequences for offspring survival. Suzanne C. Mills & John D. Reynolds.