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Una piraña de metro veinte
Por Juan José Montes (SAMSA)
Publicado: 06-12-2007
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El Pacu: ¿un pez poco habitual en nuestros acuarios?

Quizás a alguno de vosotros os resulte familiar este nombre, aunque para la gran mayoría de los aficionados a la acuariofilia el Pacu representa un animal totalmente desconocido. Pero, ¿y si os digo que algunos poseéis, ya, al menos un ejemplar?.


Pues sí. La mayoría de los peces que adquirimos en las tiendas especializadas bajo el nombre de piraña son Pacu, sus primos. Miembros pertenecientes a las llamadas Falsas Pirañas. Esto no quiere decir que os hayan dado "gato por liebre", simplemente es una cuestión de marketing. Probablemente se venderían muchos menos si os dijeran que se trata de Pacus. La palabra Piraña resuena en nuestras mentes como el reflejo del antiguo mito que representa, bien engordado por el cine sensacionalista de factura norteamericana. Por ejemplo, si decís a vuestras amistades que habéis adquirido un par de Pacu, se quedarán fríos. En cambio, si comentáis que habéis introducido pirañas gigantescas en vuestro acuario, seguro que sus rostros se contraen como expresión del terror que este nombre suscita. El calificativo más dulce que os dedicarán será el de loco. (Lo sé por experiencia).

A pesar de todo, el Pacu es un animal tan o más espectacular que la piraña.



Con este Red Pacu de 45 cm. comenzó todo...



Tipos de Pacu:

En primer lugar, distinguiré entre las más comunes especies comercializadas: el Red Pacu (Colossoma Bidens), el Black Pacu (Piaractus Brachypomum) y el Black-Finned Pacu (Colossoma Macropomum, Cuvier 1818). El género Colossoma (Characidae: Serrasalminae) se caracteriza por el gran tamaño que alcanzan.

Externamente su morfología es muy semejante. Tan sólo se distinguen por el tamaño y la coloración. El Red Pacu, de menor tamaño que sus hermanos -difícilmente sobrepasará los setenta centímetros-, es de color gris pardo, aunque su abdomen resalta teñido de un tono anaranjado oscuro, que va desde la aleta anal hasta la mandíbula inferior. Los Black y Black-Finned son monstruos que pueden llegar a rebasar el ¡metro veinte de longitud! y a pesar ¡30 Kg.!, aunque estas medidas no sean tan habituales. Pueden llegar a vivir entre 25 y 30 años. Sus tonalidades varían entre el gris pardo oscuro y el negro, estando moteados por reflejos metálicos en los flancos. Ambos son muy similares.

A estas alturas supongo que habréis presentido cuál es la dificultad principal que entraña el mantenimiento de estas especies: el tamaño de vuestro acuario. No en vano, el Pacu está considerado como uno de los peces más grandes de agua dulce.



Black Pacu (Colossoma Macromopum)




Morfología externa comparativa con las Pirañas:

La diferencia externa más acusada es la forma de la mandíbula inferior, muy alargada en la Piraña y achatada en el Pacu. Esto impide que, a diferencia de la primera, los dientes sean visibles en el segundo si mantiene la boca cerrada. Sólo conseguiremos vérselos cuando come, actividad que realiza de forma espectacular. ¿Podéis imaginar dos Pacu adultos luchando por un mismo boquerón?… ¡El agua parece hervir!

Otra diferencia notable estriba en el tamaño de las fosas nasales, muy prominentes en el Pacu. Sus ojos también son un poco saltones en comparación con la piraña, aunque al igual que esta, puede girarlos hasta 180º en horizontal y de forma independiente.

En cuanto a la pigmentación, las tonalidades son más claras en el Pacu, aunque los ejemplares juveniles de piraña pueden igualar esos tonos.

El cuerpo del Pacu resulta más robusto que el de la piraña. En realidad, es bastante corpulento, algo así como "el culturista de las pirañas". Pero por favor, no le llaméis "Hércules", como hacen tantos acuariófilos.

En cambio, el carácter de la Piraña es más vivaz; su natación, bastante agitada, contrasta con la del elegante Pacu. Pero ¡no te engañes!, en una fracción de segundo, este monstruo puede recorrer la longitud de tu acuario y saltar fuera del agua sin apenas esfuerzo. Son corrientes los golpes sordos y secos que provoca al chocar contra los cristales laterales (o incluso contra las tapas del acuario) cuando se asusta o cuando come. El problema estriba en que uno de estos golpes puede llegar a reventar los cristales del acuario.

Otra diferencia radica en los hábitos alimenticios. El Pacu es omnívoro, le gusta todo, incluyendo las plantas. En una noche es capaz de devorar toda la flora de tu acuario.

Respecto a la compatibilidad, el Pacu soporta mejor a sus congéneres que la Piraña, siempre y cuando sean de un tamaño similar y se les haya introducido en el acuario al mismo tiempo o en un intervalo breve. Son muy frecuentes los bocados entre ellos, especialmente los que se dirigen a los velos de las aletas. Por supuesto, si llegan a pasar hambre, se comerán entre ellos sin dudarlo. Su comportamiento con otras especies es el habitual del depredador: todo lo que se mueva en el acuario es susceptible de ser devorado, incluso nuestros dedos, de los que pueden desaparecer en parejas dentro de sus fauces en un suspiro.

En cambio, la convivencia con los familiares Plecostomus es una excepción en los Pacu, lo cual es de agradecer debido a los numerosos restos de comida que dejan a su paso. Con las Pirañas esta convivencia resulta prácticamente imposible. Quizás se deba a que los Pacu no son tan territoriales como sus parientes. Ante un posible peligro, se unen como una piña en un rincón del tanque para protegerse los unos a los otros.

También es posible la convivencia con otros grandes peces, como alguna especie de barbo y grandes cíclidos, como los conocidos Oscar. Pero sin duda, es preferible dejarles solos, a no ser que dispongas de un gran tanque (alrededor de 3.000 litros).


Localización geográfica:

Los Pacu son originarios del Amazonas y del Orinoco, hogares de la mayor parte de los grandes peces de agua dulce. Además de Brasil, otros países sudamericanos, como Venezuela y Perú, poseen algunas variedades. También pueden ser localizados en cinco Estados de la Unión: California, Florida, Hawaii, Massachussets y Texas. En general se desarrollan por toda la América Tropical aunque, parece ser, que los ejemplares actuales que se comercializan de Macropomun se han obtenido por medios artificiales usando Colossomas y Piaractus y, después, han sido introducidos en aguas de Florida para su mantenimiento antes de la exportación (L. G. Nico, personal observations, 1993).

En su medio natural son prácticamente vegetarianos, habiéndose especializado en comer los frutos que caen de los árboles. En el acuario son omnívoros, aspecto que comentaré, a continuación, en el apartado de Alimentación.

Los nombres con que se les conoce en sus lugares de origen son tan variados como pintorescos. Citaré, como ejemplo, un par de ellos: Tambaqui, en Brasil; Cachama, en Venezuela.

Su olfato se ha adaptado prodigiosamente a las turbias aguas amazónicas relegando a un segundo plano su pobre vista a la hora de localizar el alimento. A pesar de la capacidad de giro independiente que poseen sus ojos y que les permite contemplar lo que sucede a derecha e izquierda al mismo tiempo, en ríos de escasa visibilidad no resulta de mucha utilidad.

Como curiosidad, para los indios amazónicos tanto los Pacu como las pirañas constituyen un exquisito bocado, especialmente el Colossoma Mitrei, un gigante dorado de 12 Kg. al que pescan con anzuelos preparados con trozos de pescado y fruta, cangrejo o corazón de buey. Se cocinan al estilo de cualquier especialidad de pescado asado, aunque con alguna excepción. Se corta longitudinalmente su cabeza con una sierra eléctrica o con un hacha (el Pacu es extremadamente duro) y se le rocía con sal gorda para acabar asándolo, muy lentamente sobre una sartén, o incluso una piedra, calentadas previamente, o madurándolo con paciencia en una hoguera. (Lo del aceite es una sabrosa costumbre española). Las escamas son retiradas después de haber sido asados durante un tiempo pues, de otro modo, sería imposible.


Datos para su mantenimiento en el acuario:

Acuario:
Capacidad para 1200 litros o más.

Iluminación:
Suave. Necesita rincones oscuros donde poder sentirse protegido, pues es un animal muy tímido.

Filtro:
De fondo y seco-húmedo externo con capacidad para filtrar el doble de volumen de agua del tanque. Este animal deja muchos residuos alimenticios y defeca grandes cantidades. Imprescindible el uso de turba en lugar del clásico carbón para mantener un pH ácido.

pH:
De 5'8 a 7'5, aunque preferiblemente 6'5.

Temperatura:
Es capaz de soportar heladas, pero es preferible mantenerlo entre 24 y 26 ºC.

Dureza:
135 ppm.

Salinidad:
Añadir 15 grs. de sal marina para acuarios por cada 40 l. de agua. En su medio natural la proporción puede llegar a ser incluso mayor. La sal en dicha proporción es aconsejable para la mayor parte de los acuarios. Proporciona una sensación de tranquilidad al pez y le protege de las enfermedades.

Decoración:
Raíz africana (para acidificar el pH) y pizarra o algún mineral que no endurezca nuestra preciosa agua.



Black Pacu (Colossoma Macromopum)


Un truco: para saber si la roca que queremos introducir en nuestro acuario es adecuada, podemos utilizar alguno de los líquidos que nos suministran en los "Kits" de Test de pH. Casi siempre, las piedras elegidas para embellecer los acuarios poseen algunas vetas de otros minerales. Para saber si estos no son perjudiciales, debemos rociar dichas vetas con la solución transparente destinada a acidificar el pH. Si, acto después, observamos un burbujeo, quiere decir que no podemos introducir la roca puesto que contaminará el agua. Si no observamos reacción alguna podremos incorporarla sin problemas.


Además debemos introducir pocos elementos en el tanque (mejor en el fondo y hacia el cristal posterior) a fin de permitir una natación libre. Los macarrones y los cables de todos los aparatos han de ser fuertemente protegidos de sus mandíbulas pues, en caso contrario, los partirá. Parece que tiene especial predilección por el plástico.

Cualquier planta que se introduzca será inmediatamente comida por el Pacu (quizás las famosas "cebollas o bulbos" aguanten un poco más debido a su rápido crecimiento). Como alternativa, se puede decorar con plantas de seda; con el tiempo y algunas algas llegará a ser imposible distinguirlas de las reales. No obstante, se deberá cultivar alguna planta auténtica pues son parte fundamental de su alimentación. También se puede añadir lechuga y fruta a su dieta.

Se evitará realizar cambios constantes en su entorno puesto que es un animal muy tímido y muy propenso a sufrir "stress", el principio de todas las enfermedades, y por lo peligroso que resulta introducir la mano en el tanque. En general, cuanto menos se intervenga en un acuario, mejores resultados se obtendrá.

Por todo ello es preferible preparar el agua del acuario durante, al menos, dos meses antes de introducir ningún ejemplar de estas especies.

Alimentación:

Le gusta todo pero se le debe suministrar trozos grandes de alimento para que pueda desgarrarlos y masticarlos. En caso contrario, tragará sin realizar la masticación, lo que puede provocarle serios trastornos digestivos. Proporcionarle lechuga, trozos de fruta, como manzana, pera, etc., ayudará a completar su alimentación. Suministrar dos veces al día, mejor comida liofilizada que viva. En el segundo de los supuestos se deberá cambiar un 20% del agua cada tres o cuatro días, por lo que resulta preferible alternar ambos tipos de alimentación abundando más en la primera para evitar una rápida contaminación del agua. Como siempre, si se aumenta la dieta proteínica aumentará la tasa de crecimiento en esa proporción.

Reproducción:

muy complicada pero factible, aunque tan sólo, en tanques de gran capacidad. Además, es casi imposible diferenciar a las hembras de los machos. Sólo en especies como el Piaractus Mesopotamicus se puede diferenciar con claridad debido a que la aleta caudal tiene una coloración rojiza en el macho en contraste con la pigmentación negra que se presenta en la aleta de la hembra.

En cualquier caso, si se quiere estimular la reproducción de estos ovíparos, se deberán realizar cambios de agua muy constantes para simular la estación de lluvias del Amazonas, época elegida para su multiplicación. Si se consigue, después habrá que proceder a la separación de los enormes huevos una vez fecundados. En caso contrario, los padres se los comerían (y luego a las propias crías).

Dificultad:

Muy alta. Muy poco recomendable para principiantes. Además, hay que tener en cuenta su peligrosidad. Una de las personas que extrajo el primer ejemplar que adquirí del tanque en el que esperaba, junto a otros individuos de su especie, un destino definitivo, había perdido una falange tratando de sacarlos para que otro cliente pudiera llevárselos.


"Cuando el agua hierve"

Siempre se ha escrito demasiado sobre lo que se teme y, en relación a las Pirañas y a sus primos, la literatura y la filmografía son abundantes, especialmente en lo que concierne a las primeras y a su legendaria voracidad. Algunos relatos son pura ficción, o están a caballo entre este género y lo sucedido en la realidad. Pero quiero comentaros uno que apareció reflejado en la página de sucesos de varios periódicos madrileños hace ya unos cuantos años, aunque temo que la crónica estaba un poco inflada por las plumas firmantes de los artículos y que haya llegado hasta mí de forma distorsionada con el transcurso del tiempo. Además, al responsable de este escrito le apasiona dramatizar los hechos y, si es posible, adornarles con delicadas pinceladas Gore.

Sucedió en el conocido Parque del Retiro de Madrid… Junto al Palacio de Cristal, sede de numerosas exposiciones y actos de la Villa y Corte. Un estanque circular de respetables dimensiones descansa frente a la entrada principal. Tan sólo un chorro de agua de gran altura situado a modo de fuente en su centro y algún que otro pato rompen el apacible paisaje. ¿Tan sólo eso?.

Nadie recuerda con exactitud cuándo pero sí cómo sucedió. Tres niños jugaban en la orilla del estanque chapoteando sobre la superficie del agua. Cuentan que sus gritos se escucharon desde muy lejos después que uno de ellos perdiera varios dedos sin apenas percatarse de lo acontecido. Algo desconocido le había usado para alimentarse. En cuestión de segundos su pequeña mano derecha se había transformado en un muñón sanguinolento.

Inmediatamente las autoridades municipales se dispusieron a investigar el asunto. Mandaron dragar el estanque y batir sus alrededores en demanda de la bestia o bestias autoras de tamaño desaguisado. No sabían si buscaban una rata de agua de gran tamaño, un lucio de medidas desproporcionadas, o cualquier otro peligroso animal excesivamente desarrollado, pero se admiraban de la tremenda voracidad que había mostrado aquel sangriento día; no conocían ningún animal perteneciente a nuestra fauna capaz de actuar con tanta virulencia y velocidad. (Ahora tratad de imaginar las caras de los funcionarios encargados de localizar semejante fiera cuando escudriñaban la orilla. Adivino el miedo resbalando por sus rostros en forma de gotitas de sudor frío).

El caso es que los pequeños no pudieron aportar algún testimonio que pudiera esclarecer los hechos. Ellos sólo habían visto hervir el agua.

Como no pudieran emplear buceadores en las labores de búsqueda, los regidores municipales, desorientados tras varios días de infructuosas indagaciones, decidieron vaciar el estanque a pesar del esfuerzo humano y económico que dicha tarea suponía; no podían consentir que aquello volviera a repetirse. La titánica solución se mostró muy útil pues, antes que terminaran los trabajos de vaciado, siete gigantescos ejemplares de Red Pacu fueron descubiertos y capturados ante los incrédulos ojos de los funcionarios. Lo que nadie ha conseguido descubrir hasta la fecha es cuál fue el destino final que se dispuso para los glotones peces aunque, por desgracia, todos podemos imaginarlo sin dificultad.

De este relato se desprende una serie de conclusiones: primera, la asombrosa capacidad de los Pacu para adaptarse a cualquier tipo de climatología (los hechos, me recuerda alguien por aquí, se sucedieron en Noviembre, frío mes en la capital); segunda, la dificultad que acarrea el cuidado de estas especies; tercera, y última (a no ser que vosotros extraigáis más conclusiones), la más importante de todas: la irresponsabilidad del autor o autores del abandono de sus peligrosas mascotas en un lugar público. Esto suele acontecer cuando los acuariófilos neófitos compran ejemplares juveniles de especies grandes y después comprueban asustados cómo su tremendo crecimiento les impide seguir manteniéndoles por más tiempo. Además, muchos vendedores no advierten a sus clientes de este importante detalle. Lo único que parece motivar a algunos comerciantes es el beneficio económico y no el hecho de que se trate de seres vivos, como nosotros, condición que les otorga el derecho a ser respetados y protegidos como portadores del más precioso don: la vida.


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